Capítulo 3: Parte 5



- ¡¿Quién soy?!- Canturreó una vocecilla en mi oído. Sus manos eran suaves y delicadas pero supe al oír su voz de quien se trataba.- Cristina- Contesté dudosa con tono interrogatorio.- ¡acertaste!- Quitó sus manos y se puso delante nuestra. 

Iba con un bikini rojo y su melena rubia al viento.- ¿Qué estáis haciendo por aquí?- Inquirió aunque la pregunta fue un poco estúpida ya que era obvio.- Disfrutando de mi día libre.- Respondió mi tía. Ya había empezado a trabajar desde el lunes y estaba encantada de embriagarse en el museo Zhoa. Pues no había nada que le emocionase tanto como una nueva antigualla que investigar.

- ¿Y tú? ¿estás con las chicas?- Mi pregunta parecía pillarla desprevenida, pues puso la misma cara que si le hubiera pinchado con una chincheta en el culo.- que va... estoy con mis padres.- No disimuló ni un poco en que la idea le resultaba un auténtico fastidio.- Ayer vino mi padre a pasar el fine de semana con nosotras, trabaja en la ciudad.- Explicó aunque nadie le había preguntado el motivo.- Eso está bien, debes echarle de menos.- Pero las palabras de Rebeca no parecían animarle mucho.

- ¿Te vienes conmigo a bañarte?.- Sugirió repentinamente, volviendo a su felicidad inicial.- pues... ¿no te importa tía?.- Consulté antes de decidir.- Por supuesto que no, ir a bañaros ¡vamos!- Nos animó con demasiado énfasis y me quité mis shorts y la camiseta. Debajo llevaba un bikini azul marino de lazos.

Conforme nos fuimos alejando de mi tía, no podía parar de pensar en la conversación pendiente que tenía con ella. Pues la interrupción de Cristina no me había dejado hablar mucho con Rebeca.- En realidad... mi madre me ha castigado toda la semana. Hoy es mi último día del castigo, y me obliga a pasarla con ellos.- Confesó al pasar por delante de sus padres, sentados en un par de sillas de playa. 

Sonia me saludó a lo lejos con entusiasmo y su padre tan solo hizo un movimiento de cabeza. Su manera de decir "hola", supongo.- ¿Y porqué te han castigado?-Pregunté haciéndome la inocente pues yo sabía porqué. David me había contado (a través de nuestro nuevo método de comunicación) que Cristina estaba recluida debido al suceso con Jordi. 


Estábamos andando por la orilla del lago mientras Cristina me llevaba a algún lugar en concreto.- Buff- Resopló debatiéndose entre si decírmelo o no.- No puede salir de aquí ¿vale?- Asentí enérgicamente en respuesta.- Me pilló liándome con Jordi.- Rodó los ojos al recordar la escena.

- ¡¿A qué no es para tanto?! Siempre me monta un pollo por nada.- Quizás, si no hubiera visto con mis propios ojos lo mismo que su madre, le hubiera dado la razón. Pero obviamente Cristina no me iba a decir toda la verdad.- Sí, es bastante raro... A lo mejor hiciste algo más... ¿no?- Inquirí haciéndome la tonta.- Que va, ella es así de amargada.

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