Capítulo 4: Parte 2


***

Sabía que estaba soñando porque no sentía nada; ni calor, ni frío... Pero aún así, reconocía que tenía miedo a aquella sensación de ingravidez que recorría mi cuerpo. Me encontraba en mitad de la oscuridad, como flotando en la nada. No podía decir si estaba de pie o tumbada, pero entonces mis dedos tocaron el césped mojado, provocándome un pequeño cosquilleo en las plantas de los pies. 

Luego una especie de luciérnagas me encontraron y revolotearon a mi alrededor iluminando el camino que había delante de mí. Era el sendero que llevaba al Lago Esperanza. Por si cabía alguna duda, estaba aquella señal de madera con su nombre. Indicándome con un flecha su dirección. Por impulso, decidí seguir a aquellas lucecitas amarillas que parecían acompañarme a cada paso que daba.

Finalmente llegue a un claro, donde recordaba confundida que ahí debía estar el lago. Era un prado enorme y justo en su centro había una especie de pirámide. Su forma era similar a las que había visto con Rebeca cuando fuimos de viaje a México. Pero esta tenía detalles diferentes. 

Su piedra era blanca como el mármol y cada uno de sus escalones la conformaban diferentes grabados.- ¿Dónde estoy?-  Pregunté y mis palabras se perdieron en la oscuridad.- Por aquí...- Susurró alguien desde algún punto y me giré de inmediato hacia donde creí oír la voz. 

La forma de una persona se materializó como el humo, delante de lo que parecía la puerta principal de la estructura. No distinguía bien quien era, pues iba tapada con una túnica blanca que le llegaba hasta los tobillos, y cubierta por una capucha del mismo color que escondía su rostro.- ¿Quién eres?- Le grité pero no me dijo nada.- Por aquí...- Repitió y se metió dentro de la pirámide e irracionalmente la perseguí.

Dentro de la pirámide todo se convertía en un sin fin de laberintos. Cada vez que estaba a punto de alcanzar a aquella persona misteriosa, desaparecía al doblar la esquina. Así siguió mi recorrido, hasta que se detuvo delante de una enorme puerta llena de dibujos extraños que no tenían ningún sentido para mí.

- Ven.- Me extendió su mano igual de blanca que el mármol de la pirámide. Y para mi horror, esta tenía únicamente tres largos dedos.- ¡No!- Respondí asustada y di un paso hacia atrás. Entonces caí en picado. Igual que Alicia, en el País de las Maravillas, cuando cayó por la madriguera del conejo blanco.- Aún no estás preparada- Dijo por última vez aquella voz y abrí los ojos de golpe.
***

- ¡No!- Vociferé al despertar en mi cama. Encendí la lámpara de la mesita de noche y me quedé contemplando la habitación por un segundo; todo estaba en silencio y ya había oscurecido. El rugido de mi estómago me hizo recordar que apenas había comido ese día y decidí levantarme de la cama para pillar algo de la cocina. 

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