Capítulo 4: Parte 6



Tenía la respiración agitada y la cabeza me daba vueltas tratando de buscar una solución lógica. Quizás había sido todo una alucinación. Había leído que algunas drogas te podían producir alucinaciones al cabo de unos días. ¿Y si lo que me dio Rebeca me estaba provocando esas alucinaciones? Aquella pastilla dorada... Sino...¿Qué otra razón podía haber?

- ¡Rebeca!- Llamé cuando entré por la puerta- ¡Rebeca!- Repetí impaciente.- ¡Hola a ti también! ¿Porqué has tardado tanto? Pensé que ya estarías cuando volviera del trabajo y...- Se calló al verme la cara.- ¿Qué te pasa Emily? ¿Te encuentras bien? Estás más pálida que de costumbre... ¿Y porqué estás descalza? ¡Por Dios mira que pies me llevas!- Puntualizó enarcando una de sus morenas cejas al darse cuenta del barro y los pequeños arañazos que habían en mis piernas. Se acercó a mí preocupada pero rechacé su mano cuando quiso tocarme la cara.- No, no lo estoy.- Espeté sin saber de donde venía exactamente mi enfado.

Me dirigí al salón agotada y me dejé caer en el sofá.- ¿Te ha pasado algo?- Volvió a interrogarme.- No lo sé, dímelo tú. ¿Qué fue esa pastilla que me diste?- Inquirí mirándola a los ojos. Pero esta vez no huyó de mi mirada.- ¿Qué pastilla? ¿De qué me estás hablando?- Su cara estaba contraída por la duda. Realmente parecía no saber nada.- El día en que casi me ahogo en el lago. Por la noche me diste una aspirina para la cabeza...- Expliqué más calmadamente.- Sí, ¿y? ¿Qué pasa con esa pastilla?- Volvió a preguntar pero pude notar que había algo raro en su forma de actuar.

- No era una aspirina normal, me hizo tener unos sueños muy extraños y ahora... ahora creo que estoy teniendo alucinaciones ¡¿Rebeca pero que me diste?!- La acusé sin preámbulos.- ¡Nada! Me las dio el señor Leroy- Me quedé inmóvil al oír aquel apellido.- ¿Leo?- Pregunté mareada.- No, el padre de Cristina. Él es médico y me dijo que podrías tener jaquecas así que me dio unas pastillas.- Aclaró rápidamente mientras se levantaba y rebuscaba en su bolso, que estaba encima de la mesa.

- Aquí están- Me pasó la caja donde ponía "Cavhentrim" .- Nunca he oído hablar de ellas.- Aseguré abriendo el bote con desconfianza y ahí estaban. Pequeñas semillas doradas.- Esto no parece paracetamol.- Murmuré al ponerme un puñado de ellas en la mano.- ¿Acaso piensas que un médico me daría drogas para mi sobrina?- Acuñó con ironía.- ¿Acaso pensaba antes que mi tía se iba a deshacer de mí? Y sin embargo os oí a ti y Leo en la fiesta de bienvenida.- Dejé el tarro en la mesa pero me guardé una de esas pastillas sin que Rebeca se diera cuenta. Aún no sabía para que me serviría, pero mi intuición me dijo que lo hiciera.

Tantas semanas planeando aquella conversación y ahora había terminado acusándola sin preámbulos. Cuando mi primer objetivo era ir "de buenas", para que fuera más fácil sacarle la verdad.

- ¿Qué has oído qué?- Bramó anonadada. Yo resoplé poniéndome roja de ira.- No te hagas la tonta. Quería irme de aquella absurda fiesta de bienvenida y te estaba buscando. Yo no quería espiaros tan solo sucedió de esa manera...- Intenté defenderme torpemente bajo su mirada incriminatoria.- En fin, os oí hablar a los dos solos en aquella habitación sobre mí.- Miré de reojo su rostro. Estaba tensa, tratando inútilmente de ocultar sus emociones.

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