Capítulo 5: Parte 4



La rubia oxigenada se dio cuenta de que nos habíamos sentado y se acercó sonriente (y algo colorada) a nosotras.- ¿Pero qué os pasa chicas? ¡Vamos a bailar!- Nos ordenó con los ánimos recuperados y también por el cuarto vaso que le veía en sus manos.- ¡En seguida vamos! Estamos descansando un poco.- Nos excusé y se encogió de hombros, después volvió a la pista para ser el centro de atención del grupo de amigos de Jordi.- Está en su salsa.- Murmuré y Ruth asintió dándome la razón. 

- Te voy a traer un poco de agua. No te muevas ¿eh?- Le mandé a mi ebria amiga que ya no estaba tan parlanchina como antes. Tuve que alejarme un poco de la plaza pero finalmente, a la vuelta de una de las calles, encontré un puesto donde vendían pequeñas botellitas de agua. 

Estaba esperando mi turno para comprar cuando alguien me empujó al pasar por mi lado. Me giré para protestar pero me quedé muda al ver de refilón a David con la chica morena de antes. La estaba llevando a algún lugar apresuradamente, pero pude percatarme a la perfección del frasco que tenía su amiga. Era el mismo frasco que Rebeca me había enseñado.- Cavhentrim- Murmuré para mí misma y pagué rápidamente al vendedor para ir detrás de ellos. 

Doblaron a la izquierda, pasaron tres calles, después a la derecha... Así hasta el momento en que no sabía dónde me encontraba. ¿A dónde diablos se la lleva? Para cuando quise darme cuenta, me había alejado tanto de la fiesta que en la calle donde estaba no había ni siquiera decoración. Tampoco se oía la música de la orquesta. 

- ¡Eres tú!- Vociferó una señora mayor cuando me tropecé con ella en la siguiente esquina.- ¿Eh? No, lo siento no la conozco...- Respondí apresuradamente tratando de seguir andando, pero la mujer me agarró del brazo con fuerza.- ¿Qué hace?- Pregunté sorprendida.- Tú eres ella, yo te vi aquel día en el bosque... ¡Todo fue culpa tuya! 

El primer pensamiento que tuve de esa mujer es que estaba loca. Pero luego recordé la revelación de Rebeca sobre mis padres.- ¿Qué sabe usted sobre mí?- Tanteé a la señora expectante.- ¡A mí no me engañarás con tus juegos bruja! ¡Te vi salir del infierno maldito demonio!- Empezó a gritar y a golpearme con su bolso. En realidad no me hacía daño pero era bastante molesta. 

- ¡Basta Mari!- Le reprochó un joven alto, con la piel bronceada y de pelo rubio que salió por el portal, de una de las casas que habían en la calle.- ¡Ayúdame me está tirando del pelo!- Demandé no queriendo hacer fuerza. Pues temía quedarme sin parte de mi cabello.- ¡Suéltala ahora mismo Mari!- Volvió a ordenarle y finalmente logró separar la anciana de mí.- ¡Es ella Alejandro! ¡No te acerques! 

Realmente la anciana había enloquecido al verme.- Vamos te llevaré a tu casa Mari, estás muy cansada.- Dijo otra mujer que se había asomado por el escándalo y había terminado saliendo también de su casa. 

- ¿Quién es esa mujer?- Cuestioné sin salir de mi asombro.

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