Relatos Cortos

La amiga de...


-Le hacíais pensar que había algo mal en ella ¿sabéis?-

[Por donde va deja su huella y ya no baja la cabeza.]



La conocerías como “La amiga de…” o así estarías acostumbrado a llamarla.

Ni siquiera te aprendiste su nombre, no fue por pereza o porque eres olvidadizo, ella te lo dijo pero no llamó tu atención.

Solo recuerdas a su amiga, una chica habladora, quizás coqueta e incluso te pareció graciosa.

Aquella chica tímida y vergonzosa era siempre “la amiga de…” Intervenía en las conversaciones lo justo, por miedo a caer mal, por miedo a ser el bicho raro.

Le hacíais pensar que había algo mal en ella ¿sabéis? Se preguntaba si sería su pelo, su ropa, o porque no tenía una figura tan delgada como el resto de sus amigas.

¿Ya sabes quién es tu “amiga de…”? Seguro te vino a la mente la cara de alguien. Porque todos hemos conocido o tenido “La amiga de”. Y si no, eso significa que eras tú.

Yo sé cuál era la mía.

Solo cuando entraba en confianza y se sentía cómoda podía ser ella misma. Aunque había a veces que ni con sus amigos más íntimos podía abrirse del todo.

¿Y sabes por qué? Por miedo a que la juzgasen. Por ser rechazada por sus gustos y catalogada como la “friki” “la pichona” o como quiera que se les llamen ahora a los chicos y chicas que son distintos a los demás.

Tenía dos mejores amigas que pensaba que eran buenas con ella. Hasta se sentía afortunada de tenerlas.

Una le dijo que no era atractiva, pero sí guapa. ¿Acaso había diferencias? Al parecer sí.

Otra la llamaba "pichona" innumerables de veces, porque le hacía gracia, porque todos lo decían, porque… solo es una broma ¿Vale?

Sus propias amigas la hicieron sentirse menos, inferior… e incluso un poco más fea.

Los chicos con los que había crecido solo podía considerar amigos a tres de ellos, mientras los demás solo podían fijarse en como su pecho había crecido.

Aún recuerda cuando tenía 10 años y usó su primer top, aquel que le trajeron por navidades. Y como a la vuelta de las vacaciones, en el patio, jugando al "pilla pilla" chicos contra chicas, sus amigas la dejaron sola.

Aún recuerda (aunque ellos seguro que se olvidaron por completo) de como aquellos chicos la acorralaron en aquel estúpido juego, como quisieron tocarle el pecho. Aún recuerda como todos gritaban “A ver quién se las toca”.

Pero no pudieron con ella. Terminó a patadas y puñetazos que no sabía dónde ni cómo los daba. Pero bastó para espantar a los niños de su clase.

Acudió a la profesora con su madre, y las palabras de su tutora se quedaron gravadas en su cabeza; “son cosas de niños” “ella también tiene la culpa, les ha pegado”. Y como si tal cosa, lo dejó todo como estaba.

Nunca fue débil porque la mediocridad, la superficialidad y la hipocresía de todos aquellos que la rodearon la obligaron a hacerse fuerte. Así que después de todo, les debería dar las gracias ¿no?

Ahora ya no es nunca más “La amiga de…”. Procura que todos sepan muy bien su nombre. ¡Ya lo creo que lo hace! 

Por donde va deja su huella y ya no baja la cabeza. 

Ahora alza la voz cuando habla sin apartar su mirada a quien le habla. 

Comenzó a rodearse de personas que la valoraban de verdad. Aunque siempre encontrará una manzana podrida allá donde vaya.

¡Enteraros! 

Creció, cambió de amigos, cambió de actitud y ganó confianza en sí misma. Ya no es tan ingenua y se muestra sin tapujos al mundo.

Aprendió a tener la lengua afilada cuando se precisaba. A dejar ir a aquellos que solo la dañaban.

Pero sobre todo, aprendió a aceptarse ella misma tal y como era. Sin importar la opinión de los demás. Porque si la querían debía ser así. Sin filtros, sin máscaras, sin mentiras ni verdades a medias.

Y así fue como aprendió a quererse y encontró a quienes realmente la querían.

-Miss Story-

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Capítulo 4: Parte 7