Capítulo 1: Parte 3



Sacudí la cabeza saliendo de mi ensimismamiento y decidí merodear un rato por la casa antes de volver a la furgoneta. Quería conocer un poco más nuestro "nuevo hogar". Subí al piso de arriba, en el cual había un largo pasillo con varias puertas a los laterales. Abrí todas y eché un vistazo rápido sin entrar. Pero cuando abrí la última puerta al instante la proclamé mi habitación. 

Era grande y luminosa, con un pequeña terraza que daba al jardín. Me encantaba. Quizás el único problema era la cercanía que había entre mi terraza y la del vecino. Pues a través de los grandes ventanales podía ver a la perfección su habitación. Y él podía hacer lo mismo con la mía. “Tendré que poner unas buenas cortina...” pensé.

Entonces, en la habitación de la otra casa, apareció un muchacho solamente con una pequeña toalla blanca tapándole lo justo de cintura para abajo. El muchacho llevaba el pelo mojado por lo que supuse que había  salido de la ducha hacía poco. Era alto, algo desgarbado pero con una postura madura, casi elegante. Su cuerpo bronceado estaba bien definido por unos músculos tersos. Y lo suficientemente voluminosos para no poder apartar la mirada de ellos. Se marcaban con cada uno de sus pasos. 

Sabía que debía irme, pero estaba tan sorprendida que mis pies no se movieron. También estaba sopesando en avisarle de que tenía una nueva vecina cuando irrumpió en su habitación una chica despampanante.

- ¡No me has llamado!- Le reclamó ella, parecía bastante enfadada- No sabía que tenía que hacerlo, y ahora si me disculpas tengo que cambiarme- Su respuesta no fue suficiente para ella y colocó sus brazos en jarras- Pues hazlo delante de mí. Yo no tengo ningún inconveniente. Pero de aquí no me voy sin una respuesta. - Amenazó con determinación y el chico le sonrió de lado. 

Se apartó algunos mechones castaños de la frente con su mano derecha y sin ningún miramiento dejó caer la toalla al suelo- Yo tampoco- Le retó y alguien soltó un chillido. Ambos miraron al unísono en mi dirección. Entonces me dí cuenta de que la persona que había chillado era yo. Al principio los dos estaban sorprendidos, pero una vez que asimilaron mi presencia pareció no importarles lo más mínimo.

Al chico la escena le divertía y comenzó a reírse despreocupadamente- De verdad David eres un crío. ¡No se puede hablar contigo!- Se quejó ella y salió por la puerta echando pestes de su infantil comportamiento. David, o creo que así le había llamado la chica, me miró de nuevo, pero esta vez con una sonrisa juguetona en los labios- ¡oye! ¡¿Te podrías tapar?! Por qué yo SÍ que tengo inconvenientes sobre “eso”…- Grité intentando concentrarme en su cara.

- ¿En serio? Pues no lo parece guapa- Me contestó guiñándome un ojo. “Engreído” gruñí en mi interior- ¿Cómo te llamas?- Preguntó todavía sin taparse mientras que yo ya no sabía donde meterme- ¡Mm… me...me voy! ¡Cuando estés vestido te lo diré!- Aún podía escuchar sus carcajadas cuando dejé la habitación y cerré la puerta de un portazo.

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