Capítulo 1: Parte 5



Tras un largo día de mudanzas, cajas arribas, cajas abajo. Al caer la noche, entré a mi nueva habitación después de un merecido y relajante baño. Dispuesta a ponerme mi bata azul, la cual usaba a modo de pijama para las noches calurosas de verano. Antes de quitarme el albornoz desvié disimuladamente mi mirada a la habitación del vecino. Comprobando que no hubiera nadie observándome. Suspiré aliviada al ver la habitación vacía y con la luz apagada. Aún no había llegado de lo que fuera que estuviese haciendo.

Una vez vestida, encendí el radio cassette que había colocado encima de la cómoda y me senté frente al espejo de mi tocador. Un poco de música no vendría mal mientras emprendía la ardua tarea de desenredarme el cabello. Pero antes, durante unos segundos, me detuve a mirar en detalle mi reflejo. Últimamente había notado ciertos cambios físicos que me hacían sentir más madura.

Mi pelo empapado estaba de manera desordenada sobre mis hombros. Y aunque ahora tenía un color más oscuro por el agua, aún se podía apreciar el rubio casi platinado que me acompañaba desde que tenía memoria. Mi piel seguía tan blanca como la porcelana. Decorada con algunos lunares aquí y allá debido al sol. Sin embargo la forma de mi rostro se había hecho un poco más alargada. Ya no era tan redonda. Incluso mis ojos azules parecían haberse afinado como los de un felino. También había notado el aumento de mi busto, o como se me marcaba más la cintura en forma de uve. Dejé de buscar algún otro cambio que se hubiera producido y cogí mi cepillo. Dividí mi pelo en varias partes y las empecé a peinar con paciencia y esmero.

Estaba terminando de alisármelo con el secador cuando mi radio cassette hizo unos ruidos muy extraños, interrumpiendo la canción que sonaba. Me levanté molesta pensando que la cinta se habría atascado, cuando de repente una voz surgió de los altavoces. A pesar de que no entendía el idioma en el que hablaba, se me heló la sangre al instante. Era ronca y siseaba las palabras de manera hipnótica. 

Traté de apagar el radio cassette; primero dándole al botón de pausa, después girando la ruedecita de la emisora a ambos lados, y por último desenchufando desesperadamente el aparato. Pero nada funcionaba.- ¡Tía!- Grité un tanto asustada. Entonces oí mi nombre salir del aparato. "Emily". Dijo alto y claro. Me quedé petrificada. En un primer momento había pensado que la radio había captado alguna frecuencia extranjera. Pero cuando aquella siniestra voz me llamó me quedé sin respiración. Las luces de mi habitación comenzaron a parpadear igual que en una película de terror.- ¡Rebeca!- Volví a gritar en un intento de volver en mí misma.

Aquella voz se hacía más intensa. Me percaté de que ya no era una sola, sino varias a la vez. Su cántico me estaba mareando. Me tambaleé hacia la puerta de mi habitación que había dejado abierta. Pero antes de llegar a alcanzar el pomo, esta  se cerró con un golpe sordo en mis narices.- ¿Pero qué está pasando?- Pregunté confundida en un hilo de voz. Tenía aquel zumbido que producían sus voces metido en la cabeza. Inconscientemente me froté los ojos al notar que la visión se me volvía borrosa. Las piernas me flaqueaban y de repente se había vuelto difícil respirar. Intenté apoyarme en la pared. Buscando un punto de apoyo.

Entonces oí entrar a alguien por mi ventana. Solo distinguía una sombra grande dirigirse hacía mí. Sentí sus manos en mis hombros y un agradable perfume de hombre golpearme en la nariz.

***
Cuando abrí los ojos estaba tumbada en una cama. Miré asustada a mi alrededor, desorientada sin reconocer el cuarto. Luego recordé que ya no estaba en Nueva York. Y que aquella era mi nueva habitación. Por la luz que entraba en mi cuarto deduje que ya era de día. Me levanté y me dispuse a bajar al comedor. Al pasar por delante del radio cassette, me vino a la mente lo que había sucedido anoche. O más bien ¿Qué había sucedido?. Estaba segura de que fue real. Y por otro lado, no me acordaba de haberme ido a la cama por mi propia cuenta.

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