Capítulo 2: Parte 3



- Oye Cris- Le llamó Ruth un poco indecisa por lo que estaba a punto de decirle. Estábamos terminando de maquillarnos todas en el aseo cuando al oírla nos giramos en su dirección. Aunque solo se había dirigido a Cristina.

- ¿Sí?- Contestó la susodicha.- Ah... bueno, verás Jordi y yo nos hemos vuelto más cercanos últimamente porque hemos coincidido mucho en la piscina...- Cristina frunció el ceño al instante. Al parecer el nombre de ese tal Jordi era importante.- Claro, él juega a waterpolo y tú... ¿Hacías natación? ¿no?- La interrumpió con desdén. Las demás volvieron a concentrarse en el maquillaje y yo las imité.

- Sí, exacto. Pues él mmm... me ha invitado a salir. Yo le he rechazado varias veces porque sé que a ti te gustaba, pero también me está empezando a gustar...- Ruth parecía haberse liado en su propia palabrería con "él te gustaba" "yo le gusto" " a mí me gusta". Sin embargo Cristina pareció relajarse al intuir lo que quería preguntarle realmente.- ¿Quieres acostarte con él? ¿no? ¿Es eso?- Inquirió directa y un poco brusca. 

Me sorprendí tanto, por la franqueza con la que habló, que dí un brinco en el sitio. Por casi termino pintándome la frente con la raya de ojos.- ¡No! Bueno... quiero decir que quizás esta noche si pasara algo entre nosotros...- Pero antes de que terminara la frase, Cristina hizo un gesto en forma de vaivén con la mano.

- Tranquila, Jordi es agua pasada. Haz lo que quieras con él. De verdad, no me interesa. Solo somos buenos amigos.- Aseguró firmemente.- ¿sí? Yo no quiero arruinar nuestra amistad por un tío. Antes están las amigas. Si te molesta no haré nada, te lo prometo.- Volvió a decir con verdadera preocupación.- ¡Segurísimo! Ah... pero... quien está cogido ya es David ¿Eh?- Nos dijo a todas guiñándonos el ojo. Evité la mirada de Cristina al volver a sonrojarme cuando recordé la situación tan indecorosa en la que les había encontrado hace unos días.- Ese es mío.- Su afirmación, aunque sonaba a posesión enfermiza, hizo reír al resto del grupo.

Tenía que reconocer que no había sido tan terrible pasar un rato con aquellas chicas. Todas estaban animadas con la llegada de una nueva vecina y compañera de clase en el instituto. Por lo que deduje que no solía ser tan habitual. Todas querían conocerme. Saber qué me gustaba; mi plato favorito, mi canción favorita... así estuvimos las tres horas hasta que fueron las diez en punto.

Fue la empleada que me había abierto la puerta, Rosa, quien vino a informarnos de que debíamos ir bajando. Pues Sonia había insistido en que su hija estuviera presente para dar la bienvenida a los invitados.- Uff sí, dile que ya bajo.- Murmuró quejándose Cristina con fastidio.- Ah, la señora también ha pedido que estéis presente señorita Emily.- Me habló con muchísima más amabilidad de la que me había mostrado al principio.

- ¿A mí? ¿Por qué?- Quise saber, pues su petición me parecía algo extraña.- Eres la nueva. Supongo que querrá fardar de ti un rato.- Contestó Cristina sin dar tiempo a Rosa a abrir la boca. Aunque tampoco parecía que fuera a darme alguna otra explicación.- Vosotras id a la casa de la piscina. Nos reuniremos allí después.- Ordenó a sus amigas, y estas asintieron aliviadas de no ser ellas quienes tuvieran que acompañar a Cristina.  

-No te preocupes, solo tienes que sonreír y asentir. De las presentaciones ya se encarga mi madre.- Fue explicándome mientras bajábamos las escaleras. Rosa nos llevó hasta el recibidor donde ya estaba Sonia, impecable con un vestido granate que le llegaba por debajo de las rodillas.- ¡Estáis preciosas!- Exclamó tras mirarnos de arriba a bajo. Dándonos su aprobación.

Yo me había puesto un vestido blanco. El cual se sujetaba en mis hombros por unas finas tiras. El escote tenía forma de corazón, con pequeños encajes en su borde. Se ceñía suavemente hasta mi cintura y caía libremente a la altura de mis rodillas. Y aunque las chicas habían insistido en ponerme unos zapatos de tacón, me había decantado finalmente por mis sencillas sandalias. Tan solo accedí a su petición de recogerme el pelo con una trenza. Esta iba dando la vuelta por un lado de mi cabeza hasta caer por mi hombro derecho.

Por otro lado, Cristina llevaba una falda azul eléctrica que le cubría justo por debajo de su obligo al descubierto, y por la mitad de sus muslos. Arriba se había puesto un top blanco de palabra de honor que resaltaba aún más su busto. Se había soltado el pelo y le había dado todo el volumen posible con un secador y un bote de laca. Con ese estilo de peinado y junto a los zapatos de tacón vertiginoso, parecía el doble de alta.

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