Capítulo 2: Parte 2




Me indicó que me pusiera cómoda y dejara mi mochila en el suelo. La había traído conmigo porque llevaba dentro la ropa que usaría en la fiesta. Terminé tomando asiento en uno de los sillones y ella en el que quedaba justo enfrente.- Y cuéntame más de ti- Dijo de repente- ¿Qué quieres saber?.- Inquirí inocentemente preparándome para sus preguntas.- Bueno... lo general ya lo sabe todo el mundo.- Dijo arrugando la nariz. Yo abrí los ojos como platos bastante asombrada por el comentario.

- ¿Y qué es lo que sabe todo el mundo?.- Pregunté pasmada.-Oh... bueno, ya sabes...- Empezó a decir. Pero no, no sabía nada, y la animé a seguir hablando con la mirada. Ahora más intrigada.-...que os habéis mudado desde Nueva York a aquí... por el trabajo de tu tía. Por un nuevo hallazgo en el bosque o algo así. ¡Ah! Y que tienes mi edad, y empezarás el bachiller en el instituto conmigo.- Resumió y me quedé tranquila. En realidad no sabían mucho.

- Así que... ¿y eso que vives con tu tía?- Preguntó de repente. Pero ya estaba demasiado familiarizada con aquellas preguntas.- Mis padres murieron cuando era pequeña y ella se ha hecho cargo de mí desde entonces.- Confesé tras meditar durante unos segundos como podía decirlo. Aunque supongo que no hay una manera mejor de contar a alguien que tus padres murieron.- ¡Perdona! Cuanto lo siento...- Dijo realmente apenada y avergonzada por su indiscreción.- No pasa nada, fue hace mucho tiempo ya.- Intenté quitarle hierro al asunto pero podía apreciar como el ambiente se había vuelto incómodo.

- Me gusta el patinaje. En Nueva York solía competir.- Conté para distraerla del tema anterior.- ¡eso es genial! ¿Aquí pretendes seguir patinando?.- "Ojalá" Pensé para mí misma. Pero dudaba que aquí pudiera seguir con las competiciones y practicando las coreografías como antes. Ni siquiera mi entrenadora estaba conmigo.- Quizás, pero no de manera profesional.- Revelé con un poco de tristeza. Pues esa había sido mi mayor ilusión desde que era pequeña.- Pero tendrás que esperarte a invierno... aquí no hay mucho hielo ahora mismo.- Contestó observando lo obvio.

- En realidad, hago patinaje artístico sobre ruedas.- Aclaré y me alegré de que la conversación hubiera tomado otro rumbo. Sobre algo de lo que me fascinaba hablar.- ¡Anda! ¡No tenía ni idea de que eso existía!.- Exclamó con ingenuidad.- A ver... por supuesto que sé que existen los patines de ruedas- Explicó alarmada para evitar la confusión. Aunque yo ya había supuesto que se refería a la disciplina deportiva y no a los patines.- Ya, tranquila es normal. No es tan popular como el patinaje sobre hielo.- Concordé con su respuesta.

- Pues yo hago ballet.- Me dijo sonriente.- Este año, una compañía de Italia me llamó para trabajar con ellos pero tuve que rechazar la oferta. Mi madre no me dejaba irme de aquí. ¿Te lo puedes creer? Estoy deseando cumplir los 18 para ser mayor de edad- Refunfuñó indignada. No sabía si era realmente cierto, pero de ser así sabía lo que sentía. 

Mi entrenadora, la señorita Palmer, me había confesado en más de una ocasión que tenía muchas tablas para convertirme en una gran patinadora. Pero se quedaron en promesas vacías cuando Rebeca decidió que nos mudábamos a otro país. Cristina terminó centrando la conversación en ella, lo cual no me importó. Pues no me transmitía la suficiente confianza para contarle ciertas cosas sobre mí.

Al rato llegaron sus amigas, quienes se presentaron como; Ruth, Mara y Alejandra. La primera tenía un rubio natural dorado, como el trigo. Muy bonito. Los ojos verdes y la piel bronceada de tomar el sol. La segunda daba una impresión más agresiva. Su pelo era negro como el carbón, y sus ojos marrones como el café. De todas, era la que estaba más morena. Y aunque no era tan espectacular o tan bonita como las demás, tenía algo al hablar y al moverse. Mucho desparpajo que, en ocasiones, algunos podían confundir con vulgaridad. Finalmente, la tercera; Alejandra. Desde que me estrechó la mano me di cuenta de que no era de su agrado. Me veía como una amenaza inminente. Tenía el pelo castaño, a la altura de sus hombros. Bastante corto en comparación con las demás. Sus ojos eran almendrados entre marrones y ámbar.

Al mismo tiempo todas llevaban el pelo suelto y bien voluminoso, con un estilo de vestir muy similar pero de diferentes colores. Tal como las vi por primera vez en el centro comercial.

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