Capítulo 3: Parte 7



La cuerda estaba atada al tronco de un árbol que había detrás de las piedras. Cuando Cristina la tensó comenzó a subir sin problemas por las rocas. Al llegar al árbol se cogió de la rama más fuerte para darse el último impulso y llegar hasta arriba. -¡vamos!- Me ánimo y decidí repetir el proceso. Después de todo, si Cristina podía yo también. O eso me dije.

La primera vez que cogí la cuerda me resbalé y volví a zambullirme en el agua. Podía oír su escandalosa risa aún sin haber salido de las profundidades. Cuando volví a intentarlo, mi mirada pareció bastarle para advertirle de que debía dejar de reírse. 

Esta vez logré escalar las rocas, con dificultad, pero sin caerme. Al llegar al árbol Cristina me ofreció su mano y me ayudó a ponerme a su lado.- Tranquila, ya le pillarás el truco.- Me dijo orgullosa de su técnica para escalar.- ah... ¿Qué vamos ha hacer "eso" más veces?- Cristina contuvo la risa al oír mi comentario. Estaba disfrutando de lo lindo con mi torpeza.

- No es que sea un sitio secreto, en realidad lo conocemos todos los que vivimos por aquí.- Aclaró mientras subíamos por un camino entre la maleza.- Lo llamamos el salto del lobo.- Iba a preguntarle a que se refería cuando vi a unos metros un pequeño acantilado. Su parte superior tenía una forma similar a la cabeza de un lobo aullando.

- ¡No!- Exclamé horrorizada al descubrir las intenciones de Cristina cuando un grupo de chicos se lanzaban desde la cabeza del lobo al lago.- ¡Oh! ¡No te preocupes! No es tan alto como parece... y el lago tiene muchísima profundidad en este punto. Es totalmente seguro.- Aseguró arrastrándome del brazo.- No, no puedo. Me dan miedo las alturas.- Balbuceé sintiendo que se me hacía un nudo en el estómago.

- ¡Ah! ¡Debiste decírmelo antes!- Le lancé una mirada mortífera.- ¡No me dijiste a donde íbamos!- Protesté malhumorada. Encima sería mía la culpa.- Bueno pues ahora ya es tarde, la única manera de salir es saltando.- Creía que estaba a punto de vomitar. Y mi cara debía indicarlo, pues se apartó disimuladamente al ver como palidecía.- Lo siento.- Se encogió de hombros, arrepentida de haberme traído hasta allí.- Ven, lo haremos juntas.- Nos cogimos de la mano y yo cerré los ojos con fuerza. Si miraba iba a ser muchísimo peor.

- A la de tres.- Anunció y yo le apreté con más fuerza la mano.- No, no puedo...- Volví a repetir y cometí el error de abrir los ojos.- Venga, una...- Al intentar retroceder Cristina tiró de mí para que no me fuera. Y al hacerlo resbalé con gran torpeza, quedando de rodillas en el suelo. Mirando fijamente la distancia que había delante de mí.- ¡Emily!- Por un instante pensé que había otra persona llamándome, pues la voz de Cristina me resultaba extraña y lejana.- Ya te he dicho que yo no...- Volví a quejarme cuando logré ponerme de pie. Debido a nuestra demora habíamos formado cola.- ¡Venga tiraros ya!- Se quejó alguien.


- Está bien no te preocupes, encontraremos otro sitio por donde bajar.- Respiré aliviada cuando se rindió a mi súplica. Me sentía un poco mal pero no era capaz de hacerlo.- ¡Eh! ¿Qué es eso?- Dijo señalando al lago.- ¿El qué?- Inquirí acercándome al borde para ver mejor. Y entonces me empujó con sus manos y saltamos al vacío.- ¡te voy a mataaaaaaaaar!- Sus risas y mi amenaza se perdieron al chocar contra el agua.   

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